Baúl de herramientas

Constelaciones Familiares:

"Yo" en conexión con mis Ancestros

Las Constelaciones son una maravillosa herramienta desarrollada por Bert Hellinger, para conocernos y entender nuestros conflictos desde una mirada diferente, conectados con nuestro sistema familiar y nuestros ancestros.

Si bien la metodología tradicional es realizada en grupo, donde hay personas que representan a la familia del consultante, en este caso se realiza de manera individual, usando huellas que representan a la familia, con la mediación del constelador. A través de ellas es posible conocer de que manera nuestro problema, se conecta con nuestro sistema familiar, para poder liberarnos de esas fuerzas inconscientes que nos llevan en ciertas ocasiones a repetir destinos, sentimientos, actitudes o problemáticas que no son únicamente nuestras.

Esta técnica puede ser utilizada como parte del proceso psicoterapéutico, o ser experimentada como experiencia específica para mirar algún conflicto desde este punto de vista, para tomar conciencia y en lo posible resolverlo.

Para entender el origen de las Constelaciones, es fundamental conocer algo más sobre la historia de su creador. Bert Hellinger nació en Alemania en 1925. Vivió en la Alemania nazi durante su infancia y juventud. Fue capturado y encarcelado en un campo aliado de prisioneros de guerra en Bélgica .Después de escaparse del campo, Hellinger volvió a Alemania, donde entró en una orden religiosa católica y se hizo sacerdote. Estudió filosofía, pedagogía y teología en la universidad de Würzburg como parte de sus estudios hacia el sacerdocio. A principios de los años 1950, fue enviado a Sudáfrica, en donde trabajó con los zulúes. Vivió allí durante 16 años, durante los cuales sirvió como sacerdote de parroquia, profesor y, finalmente, como el director de una gran escuela para estudiantes africanos. Aprendió la lengua zulú con fluidez y participó en sus rituales. Después de 25 años, dejó el sacerdocio, volvió a Alemania y se casó. Estudió psicoanálisis, terapia primal, análisis transaccional, hipnosis ericksoniana, hasta que finalmente llegó a presenciar el trabajo de Ruth McClendon y Leslie Kadis. Ahí fue donde por primera vez se contactó con las configuraciones familiares y llevó este trabajo a sus propios grupos terapéuticos.

De las múltiples herramientas que aprendió e integró, fue descubriendo la dimensión sistémica e intergeneracional de las diferentes problemáticas, sentimientos, sueños, etc. Se dio cuenta que si bien al principio parecían temas "personales", estos estaban plenamente conectados con el sistema familiar. Es ahí cuando empezó a configurar los sistemas familiares con representantes, encontrando la forma de unir ambas comprensiones, la individual y la familiar. Al principio usaba a los representantes solo para ordenar el sistema, para lo cual hacía uso de técnicas tales como la "escultura familiar", con esto iba corroborando con los representantes aquellas posiciones en donde estuvieran más cómodos y viendo el efecto que tenía en los otros. Estas fueron las primeras constelaciones familiares.

Con el tiempo Hellinger comenzó a configurar sin intervenir. Solo pedía a los representantes que no actuaran ni se pusieran de alguna forma especial, sino que simplemente permanecieran centrados en sus lugares, atentos a sus sensaciones, emociones o impulsos. Se fue dando cuenta que los representantes "se comportaban" en verdad como las personas reales a las cuales estaban representando y que eso no solo tenía efecto en la persona que consultaba, sino en todo el sistema familiar, aunque no hubiesen asistido a la terapia. Posteriormente fue incorporando algunas acciones y movimientos sanadores a la técnica. A partir de su experiencia y de la observación fue construyendo algunas ideas que con el tiempo se han transformado en "la base teórica" de las Constelaciones Familiares.

Bert Hellinger



La conciencia individual nos permite todos los días darnos cuenta de lo que hacemos, pensamos, y sentimos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. A través de ella realizamos todas nuestras actividades, pudiendo distinguir entre el bien y el mal y comprender los sistemas, las reglas y leyes a las que estamos sujetos. Estas reglas a las cuales nos enfrentamos son visibles, porque son captadas por la conciencia personal desde que somos niños y tratamos de adaptarnos a ellas durante el transcurso de nuestra vida hasta que llegamos a la adultez. Muchas de ellas no son dichas explícitamente, sino aprendidas a través de la comunicación no verbal. Cuando formamos nuestra propia familia, adquirimos nuevas reglas, que habitualmente son una negociación de lo que cada miembro de la pareja adquirió en su familia de origen.
La conciencia individual percibe a través de la culpa y la inocencia si está desobedeciendo o no a alguna de estas reglas visibles.

La conciencia familiar , en cambio, trasciende a la persona, es algo colectivo. Es una conciencia arcaica que abarca a toda la familia, más allá de que sepamos o no de su existencia. La conciencia individual percibe a la familiar por los efectos que tiene en nuestra vida: es decir, no se percibe de forma directa. La familia tiene un alma común y una conciencia común. Sus reglas son invisibles y estamos atados a ellas por lo que Hellinger llama "lealtad". Estas ataduras (implicancias familiares) suceden sin que nos demos cuenta y sin que seamos conscientes de ellas.

Las constelaciones familiares trabajan esencialmente con la conciencia familiar, y tienen como objetivo hacer un puente entre las dos conciencias: la individual y la familiar. Para esto, la lealtad debe hacerse visible para la persona. La lealtad implica siempre que he tomado el lugar de otro, o que he tomado algo pendiente de otro sobre mí: sus sentimientos o su destino.



Hellinger descubrió que existían algunas reglas a las cuales llamó "ordenes del amor" y que serían previas y necesarias para que el amor pueda fluir sin problemas.Primero es lograr el orden. Estos órdenes son:

Vínculo: se genera en el intercambio de dar y recibir, otorgando una medida de la pertenencia. Cuanto más grande es el intercambio, más grande es el vínculo. El vínculo no puede acabarse nunca, aunque sí pueden acabarse las relaciones. El vínculo con los padres es el más poderoso, ya que nos dieron la vida, y eso se trata de un alto nivel de intercambio que permanece hasta el final de la vida. El vínculo es ciego y es leal. Es más importante que la vida. Es un lazo indisoluble y por él podemos sacrificarnos, sobre todo cuando la conciencia individual no lo identifica o no lo reconoce. De ahí que si estamos en conflicto con nuestros padres, desde el inconsciente, estos siguen ocupando un lugar fundamental, porque ese vínculo es indisoluble. Por lo mismo, si el amor no puede fluir, nuestro sistema inconsciente se adapta de alguna manera para lograrlo, haciéndolo de formas que no siempre resultan ser sanas para nosotros mismos. Otros vínculos importantes son con los hijos y la primera pareja o matrimonio. La pregunta que debemos hacernos entonces en este caso es: ¿Reconozco y acepto el vínculo que existe entre cada integrante de mi familia y yo? (madre, padre, marido, exmarido, hijos, hermanos, tíos, abuelos, etc).

Pertenencia: significa que todos los miembros de un sistema familiar pertenecen al grupo, más allá de sus destinos. Pertenecen los padres, los hijos, los hermanos, los tíos, los abuelos, algunos bisabuelos, y todo aquel que hizo sitio para que otro ingresara a la familia como, por ejemplo, las parejas anteriores de los padres o los abuelos. Los niños abortados, de forma voluntaria o espontánea, también pertenecen a la familia. También pertenecen las víctimas o perpetradores que se relacionaron con el sistema familiar y también aquellas personas con las que nos sentimos vinculados por haber participado con ellos en situaciones graves, compañeros de guerra o de alguna catástrofe. Cuando algún miembro de la familia es ignorado o no es considerado, se producen las EXCLUSIONES, lo cual genera que el sistema se adapte de alguna manera para incluirlo en generaciones futuras, esto puede provocar repeticiones de destinos, sensaciones, conflictos,etc. Cabe señalar que también se pueden excluir hechos. La pregunta importante de hacerse es: ¿en mi familia existen integrantes que han sido excluidos?, ¿hay alguien del cual no se sepa nada, no se hable de él, se rechace o se mantenga en secreto su existencia?, ¿Existe algún hecho que sea mantenido en secreto?.

Jerarquía: se trata del orden en el tiempo en el que vinieron las personas. Nuestra abuela vino antes que nuestra madre y nuestra madre vino antes que nosotros, y nuestros hijos después. Entre los hermanos también hay un orden y debe ser respetado. Este orden es fácilmente quebrado cuando, por ejemplo, la hija se coloca en el lugar de la abuela y dice a su madre lo que tiene que hacer. También es quebrado cuando el tercer hijo se coloca en el lugar del primer hijo y toma responsabilidades que no le corresponden. Si no se respeta la jerarquía, se produce un desorden en el sistema. En este caso cabe preguntarse: ¿Estoy en el lugar que me corresponde?, ¿suelo criticar a mis padres? ( cuando criticamos a los padres no estamos en la posición de hijos, sino de padres de nuestros padres).

Prioridad: La prioridad se da entre sistemas. Esta marca el foco de un sistema por sobre otro, generando un equilibrio, especialmente sobre aquellos que tienen mucho peso. Por ejemplo, la pareja tiene prioridad sobre la paternidad, o el sistema familiar actual tiene prioridad por sobre la familia de origen. En ambos casos, aquellos sistemas que tienen prioridad, la reciben ante el peso del otro sistema, y de esta forma hay equilibrio. Cuando la prioridad no es respetada el sistema se desequilibra. La pregunta aquí es: ¿Dónde pongo mi energía (física, mental, emocional, espiritual) día a día?.

Equilibrio entre dar y tomar: para que las relaciones fluyan en el amor debe haber un equilibrio entre lo que doy y recibo del otro. Cuando esto no ocurre, lo más probable es que la relación se afecte o rompa. Debería preguntarme: ¿Hay un equilibrio entre lo que doy y recibo en esta relación?, ¿Qué no estoy tomando del otro?, ¿qué estoy dando?.



Constelación grupal: esta es la metodología original y requiere tener representantes concretos (personas). En este caso el consultante participa como observador de la dinámica que surge espontáneamente entre los representantes y participa más activamente en la etapa de intervención. En este caso no se utiliza la energía, ni la percepción del consultante, ni del constelador. El constelador media, interpreta y genera movimientos y estrategias tendientes a la resolución del conflicto. Para realizar esta técnica se requiere de una formación específica que acredita a la persona.

Constelación individual: en este caso, la sesión se lleva a cabo entre el consultante y el constelador, por lo tanto, se utiliza la percepción y conexión de ambos, ya que desde ahí se obtiene la información. También se hace lectura de la posición de las huellas.

Ambas técnicas tienen los mismos fundamentos. En el caso de la Constelación grupal es posible captar con mayor claridad las dinámicas y experimentar de manera más directa la información que surge de la conciencia grupal, dado que los representantes no conocen a la persona que consulta, y sus acciones y sensaciones entregan información a cerca de la conciencia familiar de éste. En el caso de la constelación individual, es una instancia más protegida y en la cual la persona puede conectarse directamente con la conciencia familiar, a través de la información que obtiene a partir de sus propias sensaciones e impulsos.



Las constelaciones buscan descubrir una visión del problema que no es visible y que se asocia con nuestro sistema familiar, descubriendo los traumas de las otras generaciones, que están conectados con nuestra vida.

¿Qué podemos constelar? Podemos constelar a cerca de nuestras relaciones (pareja, madre, padre, hijos), sentimientos, sensaciones, síntomas, enfermedades. Cuando el problema tiene que ver con un dilema ético, las constelaciones no nos sirven.

Cabe señalar que como en el caso de las constelaciones individuales se trabaja con la energía de la persona que consulta, es fundamental contar con una actitud de apertura y compromiso. Estar abierto a sentir, escuchar, accionar.

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